El síndrome antifosfolípido, síndrome de anticuerpos antifosfolipídicos, síndrome de Hughes o SAF es una enfermedad autoinmune sistémica. Se trata de una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la aparición de coágulos sanguíneos arteriales o venosos. Además, el SAF está relacionado con abortos espontáneos recurrentes, pérdida fetal y parto prematuro. El SAF es una enfermedad poco frecuente (40-50 casos / 100.000 habitantes). Pese a ello, la incidencia del SAF es más alta en mujeres jóvenes, diagnosticándose frecuentemente entre los 30-40 años.
Anticuerpos antifosfolípidos (AAF)
Los anticuerpos antifosfolípidos (AAF) tienen un papel importante en el desarrollo de este síndrome. Los AAF son anticuerpos que el sistema inmunitario produce de manera errónea, ya que van a afectar la función de los fosfolípidos. Esto creará un estado de hipercoagulación que hace que el riesgo de padecer trombosis sea mayor.
Los principales anticuerpos antifosfolípidos son:
- Anticoagulante lúpico (AL).
- Anticuerpos anticardiolipina.
- Anticuerpos anti-β2glucoproteína I (Antiβ2GPI).
El motivo por el que se producen estos AAF no se conoce. Puede que un factor externo en una persona con predisposición genética sea la causa de su aparición.
Sintomatología
Hay ocasiones en las que no se presenta ninguna sintomatología a pesar de tener AAF. No obstante, la presencia de AAF predispone a un mayor riesgo de trombosis en ciertas situaciones como:
- Periodo de reposo prolongado.
- Embarazo.
- Cirugías.
- Hipertensión arterial y diabetes mellitus.
- Obesidad.
- Ingesta de anticonceptivos orales (estrógenos).
- Tabaquismo.
- Enfermedad autoinmune como el lupus eritematoso sistémico (LES).
- Neoplasias.
Los signos y los síntomas del síndrome antifosfolipídico pueden incluir los siguientes:
- Coágulos de sangre en las piernas (trombosis venosa profunda). Los signos de una Coágulos de sangre en las piernas incluyen dolor, hinchazón y enrojecimiento. Estos coágulos pueden trasladarse a los pulmones y provocar embolia pulmonar.
- Abortos espontáneos repetidos o muerte fetal intrauterina. Otras complicaciones del embarazo incluyen presión arterial peligrosamente alta (preeclampsia) y parto prematuro.
- Accidente cerebrovascular. Un accidente cerebrovascular puede ocurrir en una persona joven con síndrome antifosfolipídico pero sin factores de riesgo conocidos para enfermedades cardiovasculares.
- Accidente isquémico transitorio. Con síntomas similares a los de un accidente cerebrovascular, un Accidente isquémico transitorio, por lo general, dura solo unos minutos y no causa daño permanente.
- Sarpullido. Algunas personas desarrollan una erupción roja con un patrón de encaje, similar a una red.

Los signos y los síntomas menos comunes incluyen los siguientes:
- Síntomas neurológicos. Los dolores de cabeza crónicos, que incluyen migrañas, demencia y convulsiones, pueden ocurrir cuando un coágulo de sangre bloquea el flujo de sangre a algunas partes del cerebro.
- Enfermedad cardiovascular. El síndrome antifosfolipídico puede dañar las válvulas cardíacas.
- Recuento bajo de plaquetas (trombocitopenia). La disminución de la cantidad de células sanguíneas necesarias para la coagulación puede generar episodios de sangrado, sobre todo de la nariz y las encías. El sangrado en la piel aparecerá como parches de pequeñas manchas rojas.
Diagnóstico
El diagnóstico del SAF se suele hacer en pacientes que hayan tenido antecedentes trombóticos, abortos recurrentes, pérdidas fetales o partos prematuros sin otra explicación aparente. Esto constituye, a grandes rasgos, el criterio clínico para su diagnóstico.
Sin embargo, es necesario también el criterio de laboratorio para el diagnóstico de SAF definitivo. Este criterio se determina mediante un análisis de sangre para comprobar si hay alguno de los 3 AAF mencionados anteriormente.
Complicaciones
Las complicaciones del síndrome antifosfolipídico pueden incluir lo siguiente:
- Insuficiencia renal. Su causa puede ser la disminución del flujo sanguíneo hacia los riñones.
- Accidente cerebrovascular. La disminución del flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro puede causar un accidente cerebrovascular, lo cual puede dar como resultado un daño neurológico permanente, como una parálisis parcial y la pérdida del habla.
- Problemas cardiovasculares. Un coágulo sanguíneo en la pierna puede dañar las válvulas venosas, que permiten que la sangre circule hacia el corazón. Esto puede provocar hinchazón crónica y cambios de color en las piernas. Otra complicación posible es el daño cardíaco.
- Problemas pulmonares. Estos pueden incluir presión arterial alta en los pulmones y embolia pulmonar.
- Complicaciones en el embarazo. Estas pueden incluir abortos espontáneos, muertes fetales intraútero, parto prematuro, desarrollo lento del feto y presión arterial peligrosamente alta durante el embarazo (preeclampsia).
Tratamiento durante el embarazo
En el caso de una mujer embarazada, se debe controlar y evitar la aparición de trombosis maternas así como la pérdida de la gestación. No obstante, el especialista estudiará individualmente el tratamiento.
El ácido acetilsalicílico y la heparina son fármacos frecuentemente utilizados en el embarazo. El seguimiento de toda la gestación requiere un estricto control multidisciplinar por especialistas obstétricos, hematólogos y reumatólogos o internistas con experiencia en este tipo de patología.
Por otro lado, en la estimulación ovárica realizada en las técnicas de reproducción asistida se produce un incremento de los niveles de estrógenos. Debido a esto, el riesgo de trombosis puede estar incrementado respecto a la población general, sobre todo en pacientes propensas a desarrollar trombosis.
En estos casos se deberá administrar un tratamiento antitrombótico adecuado y se recomienda evitar el síndrome de hiperestimulación ovárica.