Los pesarios son unos anillos de silicona de distintas formas y tamaños, que se introducen en la vagina de las pacientes con un POP (prolapso de órganos pélvicos) para su corrección. Es uno de los tratamientos disponibles para reducir el POP sin cirugía.
Los tamaños de los pesarios habitualmente oscilan entre los 55 y 80mm de diámetro, siendo lo más habitual usar pesarios de 60, 65 o 70mm.
La forma más habitual es la del anillo, pero existen en el mercado diferentes modelos para acoplarse y adaptarse a cada anatomía.
La vagina es una cavidad cuyas paredes se mantienen firmes gracias a un esqueleto adecuado, una fuerte estructura muscular y unas correctas fascias y ligamentos. Todos estos elementos en su conjunto conforman lo que se conoce coloquialmente como el suelo pélvico. Cuando este suelo pélvico se encuentra debilitado en una o varias de sus zonas, alguno de los órganos adyacentes a la vagina, como son la vejiga, el útero o el recto, pueden protruir hacia la vagina y descender «empujándola». Esto genera un «bulto» que asoma por vagina.
Las pacientes comentan que algo extraño «asoma» por la cavidad vaginal (se lo tocan o incluso lo ven cuando sobresale a través del introito vaginal), y lo pueden referir como molesto. Además, suele acompañarse de síntomas al orinar o al defecar.
Este bulto es lo que médicamente conocemos como prolapso, y según el órgano que esté implicado, podemos hablar de «cistocele» (vejiga), «histerocele» (útero) o «rectocele» (recto). Un caso particular, aunque frecuente, se produce en aquellas pacientes que tras haberles extirpado el útero (histerectomía), se produce el prolapso de la cúpula vaginal. En este caso hablamos de «colpocele» o «enterocele».
¿Cuándo está indicado colocar un pesario?
El pesario es una opción de tratamiento para aquellas mujeres con un POP que manifiesta los síntomas antes descritos. Es una opción para aquellas mujeres que por su situación clínica no sean candidatas a una cirugía, bien por el riesgo quirúrgico o por su situación de fragilidad. Los síntomas pueden ser muy diversos (urinarios, ginecológicos, sexuales, defecatorios), según se vea afectada la vejiga, el útero, la cúpula vaginal o el recto.
Por tanto, no se recomienda la colocación de un pesario como tratamiento definitivo en:
- Pacientes jóvenes sin otras enfermedades importantes asociadas o que contraindiquen una cirugía.
- Como tratamiento de un rectocele aislado (prolapso del recto sin afectación de otros órganos pélvicos).
- Tampoco se recomienda en pacientes con una vida sexual activa, ya que los pesarios suponen una limitación para ello, aunque hay pacientes que se lo quitan y se lo ponen si lo desean para poder mantener con más libertad una relación sexual.
¿Cómo se coloca un pesario?
Antes de la colocación de un pesario, el ginecólogo realizará una exploración física precisa, valorando el tipo y grado de prolapso, inspeccionando la piel genital y la mucosa que recubre a la vagina y al cérvix (cuello uterino) para descartar otras enfermedades asociadas. Con ello determinará y ajustará el tamaño del pesario más oportuno para cada anatomía.
Con ayuda de lubricante, se coloca el pesario en la cavidad vaginal, procedimiento que pudiese ser molesto o incómodo si no se tiene la destreza de colocarlo adecuadamente. Si es la primera vez que se coloca, tras la colocación del mismo, se pide a la paciente habitualmente que camine, suba y baje escaleras, tosa, etc, durante un tiempo mientras permanece en la clínica , con el fin de valorar si la paciente está cómoda con el pesario y que éste no se desplace o se caiga. Si esto ocurriese, es probable que requiera un pesario de un tamaño distinto.
Un aspecto importante a evaluar, en pacientes que tienen un prolapso de la vejiga (cistocele), es ver si después de colocar el pesario se desencadenan pérdidas de orina. Si esto ocurriese, no significa que el pesario esté incorrectamente colocado, casi siempre se trata de que existe una incontinencia urinaria (IU) que el POP mantenía oculta.
Es muy importante conocer esta circunstancia ya que esta IU oculta podría aparecer tras la cirugía en el caso de haberla indicado. Por tanto, en ocasiones, la colocación de un pesario sirve también como test diagnóstico de esta posible IU oculta. Es obvio que cada caso requerirá de una valoración individualizada.
Una vez se comprueba que el pesario está correctamente colocado, habitualmente se mantiene durante 6 meses, momento en el que se recambia por uno nuevo del mismo tamaño.
Problemas frecuentes
Los problemas más frecuentes asociados con el pesario son:
- Dolor o mala tolerancia del pesario: En ocasiones puede ocurrir si se ha desplazado del sitio adecuado o si se han producido heridas en la vagina a consecuencia del mismo. Es posible que lo note más o tenga una sensación molesta en determinadas posturas.
- Sangrado vaginal: Los pesarios podrían producir heridas en la mucosa de la vagina, especialmente en aquellas que sufran mucha atrofia o estén mal lubricadas. Esas heridas pueden ser la causa de dolor y sangrado vaginal. Si esto ocurriese, debe ser valorado por ginecólogo para determinar cómo son esas heridas, y habitualmente retirar el pesario durante algunas semanas para favorecer su cicatrización. Para evitar que esto ocurra, habitualmente se prescriben estrógenos vaginales y lubricantes específicos como medida de prevención.
- Caída del pesario: Es posible que, con algunos esfuerzos bruscos, como la tos o la defecación si hay estreñimiento, el pesario pueda desplazarse y llegar a caerse. Si esto ocurre, deberá de solicitar una valoración en su centro para poder colocar uno nuevo.
Si el pesario se cae con frecuencia, provoca sangrados y/o no se tolera, es probable que no sea una buena candidata a portar un pesario, y se requerirá valorar otras alternativas para corregir el POP.
Pesario cervical y embarazo
El objetivo del pesario cervical es disminuir el riesgo de un parto antes de tiempo, un parto prematuro. Esta práctica está apoyada en un trabajo de investigación, el Estudio del Pesario Cervical para Evitar Prematuridad (PECEP), cuyos resultados se publicaron en la revista médica The Lancet en 2012. Sus conclusiones hablan gran beneficio que se puede obtener gracias al pesario cervical en las pacientes con alto riesgo de desencadenar un parto pretérmino.

No se puede instaurar este anillo en aquellos embarazos en donde exista alguna anormalidad fetal que precise cirugía o pueda acarrear repercusiones importantes para el bebé; en caso de tener dolor regular de contracciones uterinas; si se produce rotura prematura de membranas en el momento de estudio; si existe un cerclaje cervical in situ o sangrado vaginal activo; si la paciente ha sido intervenida de una conización o presenta placenta previa o alteraciones estructurales uterinas mayores.
